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Una guardia planeada
Una guardia es tiempo de educación complementaria en nuestra preparación.
Yo he tenido la fortuna de realizarlas en el internado de pregrado, durante
la residencia de Medicina Familiar y posteriormente en la residencia de Otorrinolaringología,
siempre me dejaron diversas experiencias y aprendizajes, pero lo que viví en
la que voy a narrar, fue trascendental en mi formación.
Corría el año de 1981, yo tenía 27 años y estaba
soltero, las guardias me parecían un exceso de trabajo y poco aprendizaje,
y a pesar de desear ser un buen médico y terminar mi especialización,
también necesitaba tiempo para el esparcimiento y para relacionarme
socialmente, así que me programaba en cada una, con alguna opción
que me la hiciera más amena; en muchas ocasiones, era ver a alguna enfermera
que me gustaba o algún otro personal del hospital con quien podía
platicar o compartir tiempo libre, además de que con el resto de mis
compañeros de guardia y los médicos de base, intentábamos
hacerla más llevadera.
En una de tantas, cuando rotaba por el servicio de cirugía, me tocó hacerle
el ingreso a una enfermera de nombre Rosy, quien también pertenecía
a este mismo servicio en el turno matutino y que en esta ocasión estaba
como paciente, era una joven morena muy atractiva. Me sentí afortunado
de ser yo quien la atendiera y le prometí que estaría en su cirugía
al día siguiente y cuidarla en el postoperatorio.
En la guardia, había una enfermera muy bonita, chiapaneca; Gaby, sumamente
diligente y profesional, y que aunque no era su responsabilidad, siempre me
apoyaba en las acciones que yo debía desarrollar como: curaciones, toma
de electrocardiogramas, muestras y otras.
Durante la visita cama por cama, me encontré con un paciente senil
del sexo masculino que se encontraba internado en la cama número 62
por problema de hipertrofia prostática, y que según me platicó,
había laborado con el ex regente de la ciudad el Lic. Corona del Rosal
y sentía que no estaba recibiendo el trato adecuado para su nivel. Me
solicitó que se le proporcionara un “pato” (orinal), el
cual solicité a una de las enfermeras. Yo continué con mi trabajo
cuando de pronto llegó Gaby hasta donde me encontraba, y me dijo con
voz baja y acento confidencial, por favor, venga al baño de hombres,
al llegar, casi se me desorbitan los ojos al ver al paciente de la cama 62,
colgado del cuello con una venda, pendiendo del travesaño de la puerta
del baño, un cesto de basura derribado al lado, al cual seguramente
se había subido para después tumbarlo y lograr su objetivo. No
sabíamos cuanto tiempo tenía colgado el paciente, (otro paciente
le avisó a la enfermera). Lo primero que hice fue cargarlo para quitar
la presión de su cuello y después con dificultad y temblando
de miedo Gaby cortó la venda y lo coloqué en el piso, realicé las
maniobras de reanimación y lo intubé con una cánula endotraqueal,
cosa que nunca había hecho, sin embargo, el paciente ya no respondió a
ninguna maniobra, y cuando llegaron los médicos de base, me dijeron
que ya no había nada que hacer, y que yo hiciera la nota de defunción.
¿La nota de defunción? Yo nunca había hecho una, y menos
por una causa así. Se me dijo que relatara los hechos con horarios e
involucrando a las personas que habían participado de tan lamentable
acontecimiento.
Después de hacer dicha nota y de terminar el trabajo de piso, ya no
tuve ganas de hacer más, y me quedé filosofando con mis compañeros
del servicio, sobre los motivos que tuvo el paciente para quitarse la vida.
Finalmente, los motivos ya no eran importantes, el paciente lo que logró,
fue llamar nuestra atención por la falta de calidad en el servicio que él
sintió que estaba recibiendo, además que seguramente se sentía
deprimido por su enfermedad, su vejez, por la pérdida de su estatus,
y por la falta de familiares que lo apoyaran.
Ya era de madrugada, yo dormitaba en una de las camas vacías del piso,
cuando me fue a buscar el Subdirector Médico con los familiares del
paciente, a quienes tuve que relatar nuevamente el penoso suceso, además
de dar todas las explicaciones pertinentes y recibir toda clase de reclamos.
Tuve que recabar todos los datos para poder realizar el certificado de defunción,
mismo que repetí en dos ocasiones, esta tragedia me afecto de tal forma
que me impedía concentrarme y en mi cabeza tenía mil conflictos
y mucho cansancio físico y moral.
Cuando pensé que ya había pasado la tormenta, nuevamente me
fue a buscar el Subdirector, ahora con el Ministerio Público, a quien
teníamos que rendir declaración todos los involucrados en el
hecho. Después de hacerlo uno por uno, se nos indicó que estuviéramos
disponibles para cuando se nos llamara para ratificar la declaración.
A la mañana siguiente, tuve que rendir nuevamente el informe de la
guardia al Jefe del Servicio de Cirugía y al Jefe de Enseñanza.
Esa noche me hice tristemente famoso, y al día siguiente, todo el mundo
quería que le platicara lo que yo ya quería olvidar, a la cirugía
de Rosy no me dejaron entrar........ yo que le había prometido que la
iba a cuidar.
