Smorl y CCC | De Interés Científico | Boletin de la SMORL | Año 7, Volumen 1





Dr. Ricardo Servín Torres

Página del Residente......

         Un Proyecto para la SMORL y CCC

Ernesto fue un paciente que llegó a nuestro servicio, en el Hospital General de la Cd. de México, procedente del Estado de Guanajuato, entonces contaba con 9 años de edad, es el sexto de 8 hermanos, llegó acompañado por su mamá solicitando una valoración de su padecimiento, su papá no pudo acompañarlos ya que es inmigrante en EEUU. en donde trabaja para el sostén de su familia.

A la consulta de primera vez, llegó en silla de ruedas, en mal estado general, desnutrido, la angustia se reflejaba en su rostro, su mirada era triste y se mostraba sumamente huraño con el personal médico, lo que dificultaba su revisión. Su ventilación era deficiente ya que la cánula de traqueostomía que portaba era disfuncional. A simple vista se observaba la asimetría facial por aumento de volumen de hemicara izquierda secundaria a una tumoración, la cual a la exploración oral se observaba proveniente de la nasofaringe, llegando hasta la base de la lengua ocasionando obstrucción importante de la vía aérea, presentando periodos de apnea y cianosis.

Procedimos a realizar estudios de gabinete que nos confirmaron el diagnóstico de un angiofibroma juvenil nasofaríngeo, que comprometía la base de cráneo y el seno cavernoso.

Se efectuó cambio de cánula, colocándose correctamente. Poco a poco fue tomando confianza y unos días después, espontáneamente empezó a involucrarse con el personal del servicio, observaba atentamente las actividades de la consulta, acompañaba al médico de guardia en sus tareas en la residencia médica, era un niño juguetón que nos hacía el trabajo más ameno. Aprendió a hablar con la cánula y nos acompañaba a pasar visita todas las tardes, incluso presentando a los pacientes, se intervino de nariz y se le efectuó amigdalectomía.

Ernesto convivía regularmente con dos residentes del sexo femenino y decía que eran sus novias, ellas le daban regalos y lo consentían mucho, en una ocasión, el amigo de una la visitó en el hospital, Ernesto los vio por la ventana y se puso furioso, no podíamos tranquilizarlo con nada, al grado que amenazó con terminar su relación con la doctora.

Se acercaba el día de su cirugía y por las características de caso y el cariño que le teníamos, todos los integrantes del servicio estábamos sumamente nerviosos, su caso era ampliamente comentado, hasta en los pasillos.

Un día antes de la cirugía fue necesario raparlo como preparación, por supuesto Ernesto se negaba, hasta que uno de mis compañeros le prometió que si se dejaba cortar el cabello, él también lo haría, cosa que no cumplió en su totalidad, ya que no se rapó, sólo se lo cortó un poco más de lo habitual.

Finalmente el gran día llegó, se conformó un equipo multidisciplinario experto en este tipo de tumores integrado por otorrinolaringólogo, neurocirujano, cirujano plástico y maxilofacial. El procedimiento quirúrgico duró aproximadamente cinco horas, la tensión estaba al extremo, la noticia de que todo había sido un éxito, alegró a todo el personal.

La recuperación fue progresiva, y conforme fueron pasando los días, recobró su estado de ánimo acostumbrado.

Una de las doctoras que Ernesto llamaba su novia, en compañía de su familia, lo llevó junto con su mamá a la iglesia a dar gracias por su recuperación, sin embargo, Ernesto decía que era porque se iban a casar.

Otros compañeros lo llevaron al circo, lo cual disfrutó muchísimo, posteriormente, en cada una de sus revisiones en la consulta externa nos visitaba vestido de blanco, con la firme intención de acompañarnos a pasar visita, luego nos confesó que de grande quería ser doctor; Otorrinolaringólogo, como nosotros.

A Ernesto, le tomamos cariño no sólo por la convivencia, sino también porque representó un éxito médico quirúrgico, teniendo la satisfacción de ayudar y cambiar radicalmente la vida de un ser humano, haciendo que su futuro fuera promisorio.

Definitivamente un paciente nos ayuda más de lo que nos imaginamos, especialmente a ser más humanos.

En un futuro mis compañeros y yo, esperamos ver a Ernesto como miembro de la Sociedad Mexicana de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, A.C.